Es un concepto comúnmente compartido que la energía, igual que todo trabajo humano, debe encaminarse a mejorar las condiciones de vida de las personas, como fin último. Sin embargo, en una economía tan poco desarrollada como la nuestra, es difícil pensar que el sector residencial consuma el 47.6% de la oferta total de energía, tal como lo indican los datos de 2006.
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